APERTURA CURSO 2010-2011

“Directoras y Directores de otros Colegios Mayores.
Colegiales, familias, colaboradores y Amigos todos. Muchas gracias por haceros presentes en este momento de la vida de nuestros colegios.
Me gustaría comenzar con las palabras que José Luis Sampedro, académico, economista y humanista dijo este verano cuando recibió el Premio Internacional Menéndez Pelayo:
“Se habla mucho del derecho a la vida, pero se habla muy poco del deber de vivirla; tenemos el deber de vivirla, de hacer con ella todo lo que podamos para que la vida sea más fuerte, más intensa, más viva.”
Este año celebramos el centenario de la igualdad en el acceso a la Universidad. El 8 de marzo se cumplió un siglo de la Real Orden que autorizó el acceso de las mujeres a la Universidad española. Era consejera de Instrucción Pública Emilia Pardo Bazán, quien venía luchando por la alfabetización y educación de las mujeres desde décadas. Gracias a personas como ella, que se tomaron en serio el deber de vivir la vida y hacer con ella todo lo que pudieron, hoy celebramos un aniversario y vivimos con normalidad un paso más en el derecho de igualdad.
Tenemos el deber de vivir la vida y hacer con ella todo lo que podamos. ¡Quién sabe si gracias a algunas de las personas presentes hoy aquí en el año 2110 se celebrará otro centenario en el que más personas puedan vivir de verdad derechos humanos hace tanto tiempo reconocidos!: quizá de la amistad entre dos personas futuras profesionales de la empresa y la farmacia surja la lucha por la salud por encima de otros intereses y se celebre el final del paludismo en África; quizá sean arquitectos que renueven el concepto de vivienda sostenible y humana y se celebre el centenario de la desaparición de la última chabola; quizá de la unión entre educadores, políticos, abogados… se consiga celebrar el aniversario del final del analfabetismo y la violencia a escala mundial… Tenemos el deber de vivir la vida y hacer con ella todo lo que podamos.
Pero no nos engañemos. No podemos aspirar a luchar por la realización de derechos tan nobles y grandes si no somos capaces de valorarlos ya, hoy mismo, en lo que vivimos cada día. El deber de vivir la vida lo podemos traducir de mil maneras diferentes teniendo en cuenta nuestra situación personal, nuestros estudios, nuestra forma de ser, nuestras relaciones, nuestros principios morales, nuestras creencias, … y no sería absurdo ni pequeño reconocer el valor de tomarse en serio este deber de vivir, en gestos como asumir responsabilidades en nuestros Colegios Mayores, de tratar con inmenso respeto a las personas con las que nos relacionamos procurando hacerles la vida más fácil, de respetarnos a nosotros y a nosotras mismas y no dejarnos vender al precio que pongan los demás o la misma sociedad…
Sabemos que queda mucho por soñar, planificar, cambiar en el mundo, en nuestra propia sociedad y en el centro y periferia de nuestras ciudades. Si esperamos a que sean otras personas las que trabajen por cambiar las cosas perderemos muchas oportunidades. Si vivimos sólo pendientes de hacer más pleno nuestro derecho a la vida estaremos negando a los demás el suyo. Gracias a personas como Emilia Pardo Bazán hoy es posible un Colegio Mayor femenino como el que nos acoge, y estamos aquí tantas mujeres universitarias con un futuro y un objetivo: seguir tomándonos en serio el derecho y el deber de vivir la vida. Gracias a personas como Nelson Mandela en su lucha por la igualdad racial, Muhammad Yunus y su iniciativa de crear microcréditos, a Rigoberta Menchu y Wangari Muta Maathai ambas premio nobel de la paz, a un hombre sencillo y pobre de Nazaret que devolvió la dignidad a tantas personas olvidadas y despreciadas… gracias a tantas personas sencillas que han tomado conciencia de la necesidad de poner en juego su hacer cotidiano para conseguir una vida más digna para los demás, gracias a ellas digo, sabemos que es posible. Es posible si queremos. Es posible si creemos en el ser humano y en nuestras propias posibilidades. Si creemos en el valor de lo pequeño como elemento transformante de la realidad.
Termino con un poema de Casaldáliga de su libro “El tiempo y la espera”:
NUESTRA HORA
Es tarde
pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.
Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco.
Muchas gracias.”

